captura de portadaLa maquinación (Ediciones Comuna, 2026) no es la enésima denuncia sobre los males que acarrean las tecnologías digitales. Es eso y más. Jacopo Andreoni, autor italiano integrante de la Corriente Humanista Socialista, parte del origen de internet a fines de los años 60 para llegar a los desarrollos actuales que tienen a la humanidad mirando una carrera entre gigantes tecnológicos por ver quién lleva a la IA a su máxima capacidad, sin miramientos éticos que los detengan.

Pero el punto de llegada no es la IA invadiendo nuestras vidas, la constatación de una realidad que a muchos parecerá inevitable. A esa constatación Andreoni opone otra: la vigencia —hoy, harto dificultada— de recursos íntimamente humanos como son la memoria, la conciencia, la razón, la creatividad. Características humanas fundamentales que están bajo ataque al mismo tiempo que constituyen la única trinchera posible contra la decadencia de la vida actual.

El libro traza una línea entre un origen bélico de internet y un primer uso de la IA para guiar armas en la guerra entre Rusia y Ucrania y para dirigir hoy los ataques de las armas autónomas en la masacre en Gaza. Un continuo irreformable entre desarrollos nacidos de la guerra y destinados a perpetuarla para extinguir a la humanidad en todas las formas posibles. Ya no se trataría solamente de la mera desaparición física, sino también de la erosión de las facultades humanas, denunciada por cada vez más estudios en la actualidad.

La maquinación resume el engaño en el que tan fácilmente se puede caer: pensar que las mejores decisiones y soluciones vendrán de las máquinas. Detrás de ellas se esconden (ya no tanto) el acopio furioso de los datos personales y su mercantilización, la pauperización de las relaciones personales y el intento de control y vigilancia permanente de los Estados y regímenes políticos.

El smartphone convertido en una prótesis, casi una extensión de la que no es posible escapar. Una realidad que el autor no desconoce y, aun así, no le resulta descabellado proponer una desconexión si no total, aunque sea parcial, pensada como un primer paso hacia la auto liberación y como parte de una conciencia más amplia acerca de lo que verdaderamente significa vivir mejor. Las iniciativas de desconexión en varias partes del mundo, muchas protagonizadas por jóvenes, el regreso a los encuentros cara a cara y otras búsquedas similares demuestran que pensarse fuera de la red tal vez no tenga nada de ilógico y que la verdadera distopía es la que ya estamos viviendo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

¿Te gustaria suscribirte?

Enterate de las últimas novedades del blog

griselda.correctora

Seguíme en Instagram