tapa la pla. de las 24 estacionesLa península de las veinticuatro estaciones de Inaba Mayumi (Errata naturae, 2023) fue publicada originalmente en 2011. En esta novela, que ganó el Premio Tanizaki en Japón, la naturaleza rebosa con sus ciclos multiplicados y es mucho más que el marco de una sentida reflexión sobre los cambios de la vida. Una mujer que comienza a transitar la madurez decide abandonar Tokio e instalarse en una cabaña en la península de Shima, a casi quinientos kilómetros al suroeste de la capital japonesa. En el nuevo hogar, la mayoría de los habitantes son personas mayores que dejaron atrás (o están en vías de hacerlo) las grandes ciudades en busca de una vida distinta. A varios de ellos la naturaleza los cautivó una vez y ahora la observan con minuciosidad, la buscan y aprenden cómo aprovechar sus frutos, asegurando la preservación del entorno. Los bambúes, el trabajo en tinta vegetal, la recolección de miel son algunas de las actividades que los ocupan y con las que anhelan integrarse a esa naturaleza en una suerte de simbiosis benéfica. La protagonista rememora su tiempo como una habitante más de la gran metrópolis y el momento en que fue hechizada por ese bosque pródigo en flores y frutos. Había ocurrido diez años antes cuando, buscando tal vez escapar de los eventos últimos y tristes de su vida, se topó con ese cabo de acantilados blancos y secos: “Y en aquel momento, me encontré con los acantilados, esos bloques de mineral puro que no portaban ni el más mínimo rastro que pudiera recordar a un ser humano”. ¿Partir significaba huir de la humanidad? Discutible. ¿Y si ella quiso explorar esta desde otro lugar? Uno que implicara el goce de la naturaleza circundante a partir de un redescubrimiento de los sentidos. Un espacio de contacto con los otros (los Hiraoka, los Tachibana, los Kawahara) que brota más de la elección que de una necesidad, y abre una posible comunidad entre todos los habitantes de la península.

Además de colmar la imaginación lectora con las descripciones de los arrozales, ciénagas y senderos que son el cotidiano de la protagonista, decíamos que la novela también indaga con sensibilidad los cambios en el deseo, el carácter dinámico de la vida. Algunas certezas un día se desmoronan y dan otra visión del propio ser. Aquella mujer que una vez pensó que viviría para siempre en Tokio descubrió que “sentirse anónima e irrelevante” ya no la satisfacía. Un descanso que comienza sin una duración determinada puede significar, en el fin, el inicio de una nueva vida. Un paisaje casi intocado por el hombre puede atravesar veinticuatro estaciones y quedarse aún corto frente las insondables estaciones del sentir humano.

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