En El origen de la tristeza (Penguin Random House, décima edición, 2022), Pablo Ramos da forma al fin de la infancia de Gabriel Reyes, un pibe de unos once o doce años que vive en Avellaneda, Provincia de Buenos Aires, y que bien puede ser el “yo literario” del autor, como él ha dicho alguna vez. En esa infancia del sur bonaerense, en la década del 80, hay un mundo de sensaciones y sentimientos: la picardía, el deseo, la ternura se cruzan con la frustración, el dolor y la tristeza. Tres momentos articulan el relato. Un inicio en el que Gabriel busca afanosamente hacerse del dinero para comprar a su mamá un regalo especial y para ello, precisa de la ayuda de Rolando, el cuidador del cementerio local. Más adelante, el incendio del arroyo Sarandí, donde termina El Viaducto —el barrio del protagonista—, da el pie para conocer a la barra de amigos de Gabriel, o más bien, a sus hermanos de la vida, y también las carencias materiales y los problemas de los adultos de los que nunca es posible evadirse del todo. Estos problemas son los que toman el relato hacia el final con ilusiones derrotadas, violencia, y una estrechez económica que percude relaciones.
Desde el arranque, Ramos se vale de diálogos en los que se reconoce perfectamente el lenguaje del barrio, sus protagonistas —en muchos casos, perdedores entrañables— con sus certezas e inseguridades, dibujando un cuadro que cautiva por su autenticidad. Esos diálogos se hilvanan con descripciones justas y absolutamente vívidas. Por caso, la escena en que Gabriel sale de su casa y cruza al taller de bobinado de su padre, en la soledad de la noche, es una magnífica prueba de ese poder descriptivo del escritor, de su capacidad de recrear un mundo con palabras.
El humor siempre aparece para aligerar el peso de la existencia y convertirse en el último peldaño antes de la desesperación, según reconoció el escritor. Las aventuras de una niñez que, de a poco, va dejando de serlo le dan al texto una épica que encuentra eco en la vida de cualquier lector. Así sucede también en la revelación del primer deseo: Entonces apareció Marisa. Tenía el pelo recogido sobre la nuca, la cara blanca bien lavada y los pómulos rosados. La miré y me quedé petrificado. Descubrí en ese momento qué era la belleza. Había estado confundido toda mi vida; no había nada en los afiches del taller de papá que pudiera compararse a la imagen que ahora tenía de Marisa. […] Recordé el sabor de su lengua en mi boca y la presión de sus tetas. Podía imaginar, detrás de aquel abrigo improvisado, el escudito de cuero que, como un satélite verde, flotaría entre los suaves planetas que eran las tetas de Marisa.
Desear y crecer bajo una realidad gris. En una Argentina donde el trabajo escasea y la perspectiva de progreso se revela cada vez más como un sueño, Pablo Ramos da cuenta de la caída, pero también del deseo que reincide, de la esperanza que no cede. Ese deseo fue, a lo mejor, el llamado a seguir la vida de Gabriel Reyes en otros libros que terminaron por conformar una tetralogía. Como sea, El origen de la tristeza es un texto que funciona solo a la perfección e invita a pensar la vida gozosamente, a pesar de todos los sinsabores del camino.