una cesta con membrillos y otras frutasUna cesta con membrillos y otras frutas (Babel Editorial, 2019) reúne varios textos de Luis Alberto Taborda, prolífico escritor radicado en Catamarca. Es una buena muestra de sus intereses, perspectivas y habilidades de escritura cultivadas en más de tres décadas.

En sus cuentos aparece constantemente la dualidad mundo interno – mundo externo. “El Alfeñique”; “Derecho de admisión”; “Una excursión arqueológica” son historias sencillas en las que parece que nada sucede cuando, en realidad, muestran con crudeza el reino de las apariencias en que viven los distintos personajes.  En otros relatos ocupan el primer plano las ideas, emociones y sentimientos, en muchos casos reprimidos, de hombres y mujeres comunes que, siempre atentos al “qué dirán”, no pueden evitar, sin embargo, la reflexión constante sobre sus vidas y los torbellinos interiores, como bien muestran por caso, “Cuando te visite un colibrí” o “La Mora”. Las ilusiones maltrechas, la frustración o impotencia habitan en “Historia de un arquero”; “Viagra” y, nuevamente, en “La Mora”.

De los relatos de Taborda se desprende también el conocimiento y el amor por Tinogasta, la ciudad catamarqueña del oeste provincial donde el autor reside desde hace más de cuarenta años. Es un amor de ojos bien abiertos porque las historias dan cuenta también de la superficialidad, el individualismo creciente y la preservación del statu quo, como vehículos hacia una seguridad que no puede confundirse con felicidad.

“Memoria del Agua en Tinogasta” es el único ensayo de este libro y recuerda con datos, pero con mucho sentimiento a la vez, la importancia de este recurso vital. La información sobre vertientes y manantiales de la provincia se alterna con recuerdos y vivencias recientes del autor y otros coterráneos. El agua es un elemento natural omnipresente que puede escasear en un futuro cercano. Pero no se trata solo de nutrición e higiene. Las alusiones a una niña que rescató a su hermana de un canal de riego o el recorrido de un adolescente por el curso de una acequia para asegurar el cauce correcto del agua muestran a las claras el impacto de esta en la configuración mental de quienes pasan de la infancia a la madurez, cómo el agua se liga a la vida en todos los sentidos.

La última sección, dedicada a los poemas, reivindica con comparaciones o bellas imágenes traídas de la naturaleza, la labor del poeta, ya no como un “elegido”, sino como aquella persona que se interroga sobre el mundo y decide contar una historia que cambia la “historieta repetida”. Una voz capaz de multiplicarse como una semilla. Después de haber sido alcanzado una vez por el silencio, como confiesa en el poslogo del libro, Taborda reconoce su necesidad de decir, de expresar su punto de vista acerca del dolor, el júbilo, las voces de mando y las imprecaciones que lo rodean. En tiempos donde la guerra convive con los intentos de pura distracción y de renuncia al pensamiento, esta búsqueda de la voz propia es más que bienvenida.

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